¡RESUELVE!

En una reunión con un equipo de educadoras del Nivel Inicial de un centro educativo, una de ellas comenta que en su aula repiten en todo momento lo siguiente:

“¡Resuelve!”

¿Y en que consiste asumir este lema con sus niños?

Esta educadora y su asistente nos explican que cada vez que uno o varios niños enfrentan situaciones o problemas durante la rutina, en vez de ellas resolverlos, dicen a los niños “!Resuelve!”. Esto lo hacen de una forma positiva y motivadora para recordarles que deben buscar las posibles soluciones e intentarlas por si mismos, con el apoyo de las educadoras. Ya todos se han contagiado y saben que no conseguirán nada al llamar constantemente “profe, profe” sin antes hacer las cosas por ellos mismos, probando y aprendiendo de sus experiencias.

Esto no quiere decir que no necesiten ayuda. Es importante que las educadoras modelen y estén disponibles para dar apoyo a los niños que lo requieran, pero siempre dejando que hagan lo que ya son capaces de hacer y evitando crear dependencia.

Nos cuenta esta educadora que esto les ha ayudado mucho. Ya ven los resultados en niños que mostraban resistencia a asumir o hacer las cosas por si mismos y que dependían de que otros les resolvieran. Un día, uno de estos niños al mojarse su lonchera, en vez de enojarse, pedir ayuda inmediatamente, entristecerse o quedarse sin hacer nada, recordó lo que le repiten sus educadoras y con mucha seguridad, se paró, le sacó el agua, se acercó a la ventana y puso su lonchera al sol para secarla. Aplicó el “RESUELVE” y se sintió muy satisfecho. !Las educadoras felices!

Ejemplos como este nos confirman que los niños tienen muchas más ideas y capacidades de las que creemos. El darles la oportunidad o el motivarles a asumir sus responsabilidades, les permitirá sentirse mejor, aportar, participar y desarrollar una sana autoestima, confiando en ellos mismos.

Lamentablemente, en mi experiencia acompañando u observando a los padres en sus hogares y educadores en las aulas, es más frecuente ver que resuelven o “ayudan”, sin antes dejarles que intenten, propongan o que PIENSEN por si mismos. Nos sorprendemos al ver todas las estrategias, los recursos y mecanismos que proponen e implementan cuando nosotros no intervenimos inmediatamente ni imponemos nuestra forma de hacer las cosas. Y nos aliviará bastante el no tener que estar en todo momento resolviendo o haciendo todo por ellos.

Aprendemos mucho de los niños, de la gran creatividad y capacidad que tiene cada uno. El adulto cumple un rol fundamental, ya sea para limitar o para facilitar el desarrollo de todo este potencial. Y para esto las preguntas son poderosas. Cuando los niños no saben qué hacer o cómo hacerlo, detente y, antes de intervenir, pregúntale a cada uno:

  • ¿Cómo crees se puede resolver?
  • ¿De que manera podrías hacerlo o lograrlo?
  • ¿Qué necesitas para eso?
  • ¿Qué pasaría si haces eso?
  • ¿Hay otra forma de resolver esta situación o problema?

Al enviarle esta educadora el mensaje a los niños de que espera que ellos resuelvan, está comunicándoles que CONFÍA y espera lo mejor. Generalmente, esto les lleva a asumir mayor responsabilidad.

¡A resolver!

Gracias a la profesora Grisi Feliz y Candida Morales del MIEL Christian School por compartir su experiencia con nosotros.

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