20 Oct 2018

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a elegir y ser buenos amigos?

Los compañeros con los que comparten e interactúan nuestros niños y jóvenes pueden influir de forma positiva o negativa en la forma como ellos se comportan. Es por esto que padres y educadores cumplen un rol fundamental, siendo modelos, dando seguimiento a las relaciones y orientando para la buena elección y el manejo adecuado de situaciones que se le pueden presentar. 

Hacer amigos es un proceso natural que inicia en edades muy tempranas, pasando de relaciones más egocéntricas en los primeros años a una con carácter mas recíproco en la que se comparten intereses, sentimientos y valores en la adolescencia. Los amigos tienen un rol muy importante en esta etapa por ser el apoyo fundamental en el proceso de lograr su autonomía 

La amistad en la adolescencia es de gran beneficio y aporta al desarrollo de la personalidad.  Permite al adolescente conocerse mejor en la medida que conoce e intercambia con el otro y le ayuda a comunicarse y expresarse de forma auténtica. Sin embargo la gran influencia de los amigos puede convertirse en una amenaza, pudiendo incluso alejar al joven de los estudios, llevarlo a iniciarse de manera prematura en el sexo, en el consumo de alcohol o drogas, entre otras conductas dañinas. 

¿Cómo se eligen los amigos?

El autor Bernabé Tierno plantea que los amigos generalmente se eligen por la proximidad y cercanía, aunque esto es más común en la etapa escolar y va cambiando a medida que crecemos y participamos en nuevos y variados contextos. Los primeros amigos generalmente son vecinos o compañeros del centro educativo y luego se van incluyendo los que comparten con nosotros en diversos espacios y en actividades como la iglesia, el deporte, arte, entro otras. 

Según este autor, la semejanza y la afinidad son factores  y condiciones de la amistad, surgiendo a partir de la edad, el sexo, intereses similares, personalidades, valores, actitudes y experiencias compartidas. El nivel socioeconómico también es otro factor importante al momento de elegir los amigos. 

A pesar de que los padres no podemos elegir los amigos por nuestros hijos ni controlamos con quienes se sienten bien o con quienes desarrollan una relación recíproca de intimidad y afecto, si podemos prevenir, orientar e intervenir cuando sea necesario y sin miedo. Nuestros hijos no necesariamente cuentan con las herramientas para decir no ante la presión de los amigos a hacer lo incorrecto, quizás imitan lo que hacen los otros para ser aceptados o reconocidos, sin darse cuenta que eso no es una verdadera amistad. Necesitan acompañamiento sin ataques ni juicios, sin imposición ni manipulación, pero si con respeto, firmeza, autonomía y oportunidad de asumir responsabilidad por sus decisiones y acciones, conociendo todas sus posibles consecuencias. 

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

  • Logre que aprendan a amar y a convivir desde pequeños en el hogar. 
  • Sea ejemplo al elegir sus propios amigos y trátelos bien, con respeto y amabilidad. 
  • Ejerza su rol de padre o educador, no de amigo ni enemigo de su adolescente. 
  • Conozca a los amigos de sus hijos; interactúe y converse con ellos. 
  • Converse con sus hijos desde pequeños sobre las características de la verdadera amistad, el manejo de la presión, la importancia del respeto y de la autenticidad, lo que implica que no debemos dejar de ser nosotros mismos para que nos acepten o quieran. 
  • Observe la conducta de su hijo y haga preguntas para identificar a tiempo los cambios que pudieran ser causados por sus amistades y poder orientarle adecuadamente.
  • Acompañe a su hijo y aproveche las situaciones que se presenten con sus amigos para enseñarle a manejarlas con acciones concretas, no sermones. 
  • Enseñe al adolescente cómo enfrentar situaciones, entornos peligrosos o dañinos que le puedan llevar a tomar malas decisiones. Utilice ejemplos reales. 
  • Enseñe al joven que un amigo puede ser mala influencia por su situación personal o familiar, llevando a los otros a comportarse de manera peligrosa o inadecuada sin mala intención, pero con graves consecuencias. 
  • Aprendan juntos a tomar distancia de las personas dañinas que causan problemas y que no son buenos amigos. 

La amistad madura, auténtica y verdadera es un ideal que pocos alcanzan. Incluso muchos adultos no tienen la capacidad de ser amigos desinteresados que se preocupan por el bien y la felicidad de los otros, logrando un amor recíproco. Enseñemos a nuestros hijos a ser ejemplo para otros, a identificar cuando esta amistad es posible para que pueda valorarla y cuidarla. Enseñemos también a alejarse de aquellos que no tienen la capacidad de construir este tipo de amistad, manejándose con sabiduría y sin maltrato, cuidando su propia salud y su bienestar y defendiendo sus valores y principios. 

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